|
Desaparecieron con el tiempo; un tiempo
de siglos. Y sin embargo la denominación ha permanecido:
Atacocha. Es el nombre del distrito minero y el de la
empresa. Es el nombre que quizás pretende recordar el
esfuerzo y tesón necesarios para conseguir que la Cordillera
produzca, comparable con el tiempo que los minerales
permanecieron ahí guardados.
De cualquier modo,
lo cierto es que hasta fines del siglo pasado, el nombre de
Atacocha se mencionaba
ocasionalmente. Correspondía a una zona más, entre otras
varias circundantes a la provincia minera de Cerro Pasco. La
atención se dirigía fundamentalmente al asiento de
Yauricocha o Cerro de Pasco que, desde su descubrimiento en
1630, se había ido convirtiendo paulatinamente en una de las
principales fuentes de producción de plata para el
Virreinato del Perú.
Hacia Cerro de Pasco
y desde los más diversos puntos del país habían llegado
contingentes de mineros. Los campamentos se poblaban
progresivamente. Merced ese crecimiento se fue formando la
villa de Cerro de Pasco, que en 1639 recibió el titulo de
“Ciudad Real de Minas” por decisión del Rey Felipe IV de
España y en 1771 durante el virreinato de Manuel Amat y
Juniet, el de “Villa Minera de Cerro de Pasco”.
El título no
resultaba arbitrario. Se le llamaba “Villa Minera de Cerro
de Pasco” y ello se reflejaba en la cotidianeidad de la vida de
sus habitantes, cuya organización tenía que depender del
laboreo en el asentamiento. Las observaciones de Antonio
Raimondi permiten una aproximación a sus características del
siglo pasado. Tras explorar la región durante ocho años y a
la par de confeccionar una detallada relación de muestras
que él mismo recolectó y analizó, el sabio italiano escribía
en su “Memoria sobre Cerro de Pasco y la Montaña de
Chanchamayo” publicada en 1885:
“La ciudad de Cerro
de Pasco se halla enteramente minada: al punto que, en
muchas casas se oyen los golpes de los barreteros que
trabajan debajo de las mismas viviendas; y ha habido caso de
ver hundirse el piso con todos los muebles, en una de esas
grandes cavidades subterráneas. Hubo ejemplo de una
catástrofe de esa naturaleza durante la noche, que obligó a
los moradores a huir precipitadamente, sin tener siquiera
tiempo para vestirse”.
La población, la
vida, los títulos, todo aquello que se relacionara con Cerro
de Pasco contribuía a acrecentar la fama del depósito; sus
yacimientos se volvieron célebres. Era natural entonces que
las referencias al nombre de Atacocha vinieran a adquirir
mayor nitidez recién en años posteriores o que, inclusive,
en un principio fuesen sólo debidas a la proximidad con
Cerro de Pasco o Yauricocha.
No obstante, el
propio Antonio Raimondi en su obra “Los Minerales del Perú”
formuló la primera referencia explícita y documentada de
Atacocha. Analizó tres muestras que de acuerdo a sus
observaciones provenían:
“del mineral de
Atacocha, a tres leguas del cerro de Pasco, entre las
quebradas de la Quinua y Tulluragra”.
A lo cual Raimondi
agregaba:
“En el cerro
donde se halla esta mina existen otras muchísimas, pero son
todas muy superficiales”.
Trabajos diversos
contienen por añadidura, referencias, que bien podrían
comprender el yacimiento de Atacocha. La referencia a
Chiquirín por ejemplo – nombre con que se conocía
antiguamente al poblado de Chicrín - es una de ellas.
Figura en “La Memoria sobre el rico mineral de Pasco” que
don Mariano de Rivero y Ustáriz `publicó en 1828. El texto
señala que el:
“….. cerro
elevado llamado Chuquitambo, en el que se hallan las minas
de oro….”
Y tras una
descripción de la estructura geológica:
“….. en él yacen las
piritas cúbicas auríferas y el carbonato de cobre verde.
Estas piritas se explotan desde tiempo muy atrás; alteran
con el esquisto arcilloso que también encierran las piritas
cúbicas. El cajón de este metal, dá de 4 a 5 onzas; el oro
es de la mejor ley y el metal tan abundante aquí y en los
cerros de la Quinua, Chiquirín y Huamanranca, que hay para
muchísimos años……”.
Estudios como los
citados reflejaban la importancia creciente de la región.
Pero ya en el presente siglo y tras la promulgación del
Código de Minería, vigente desde 1901, surgió la necesidad
de un estudio que incluyese el levantamiento del plano
topográfico y catastral de la región. Esa fue una de las
tareas encargadas a la Comisión de Cerro de Pasco, que
presidió el Ing. Marco Aurelio Denegri.
Para cumplir su
cometido, los miembros de la Comisión tuvieron que vencer no
pocas dificultades. En su informe, la propia Comisión señaló
que la zona estaba “habitada en su gran mayoría por
improvisados mineros nacionales y extranjeros, quienes
preocupados tan sólo de hacer fortuna y viviendo durante
largos años a tan grande distancia del Gobierno de la
República, se figuraban que las leyes, decretos gubernativos
y reglamentos administrativos, no podían modificar
costumbres que tranquilamente habían arraigado en el
transcurso del tiempo y que tácitamente reemplazaban y hasta
contrariaban a aquéllos”. |